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“No hay quien se haga con mi hijo”. Negocia con tus hijos

¡Mi hijo está intratable!

¡él no era así!

¿qué puedo hacer?

¡hace lo que le da la gana!

¿Qué padres no nos hemos planteado estas preguntas en algún momento?

Desde mi experiencia como padre, con una hija encauzada, unas cuantas lecturas al respecto, visitas a profesionales, familias amigas con situaciones similares y por mi actual ocupación de profesor particular, trabajando con mucha familias, doy mi punto de vista.

Nuestros hijos en su desarrollo como persona deben de llegar a tener sus propias opiniones y tomar decisiones, pasando por una fase de negación y distanciamiento de lo que hasta ese momento ha sido su referente: la familia y sobre todo los padres.

En esta fase del desarrollo personal se puede, es más le viene bien, equivocarse y ahí debemos de estar los padres y educadores con paciencia y mucho cariño para ayudarles.
Y la paciencia la debemos de tener porque las contestaciones que recibamos pueden no ser las que esperaríamos y como nos gustarían, el volumen de las mismas, … Pero la cantidad de equivocaciones y las malas contestaciones deben de tener un límite, y esto es también una enseñanza para nuestros hijos de lo que es el mundo real, además de una defensa, por nuestra parte, ante estos nuevos adultos.

¿Qué hacer si el comportamiento de nuestro hijo, de forma reiterada, no es el esperado y que le hemos enseñado y/o si las contestaciones que nos dan no son admisibles?

NEGOCIAR con las siguientes consideraciones:

  • como en cualquier negociación habrá conclusiones con las que no estemos de acuerdo, esto es habitual en cualquier proceso de negociación, sino dejaría de ser tal para ser imposición. Ambas partes han de ceder en algo
  • estamos tratando con un adulto, en sus primeros pasos, pero adulto,

Cada negociación será un mundo no existe una solución única para una cuestión compleja como esta, que se ve afectada por diferencia de carácter y estado emocional de las partes, relación entre las partes, entorno social, etc.

Lo que sí puedo aportar es mi receta para negociar particularizada para la situación que nos ocupa:

  1. antes de hablar, debemos empatizar con nuestro hijo, vamos, ponernos en su lugar. No olvidemos que TODOS hemos pasado por estar al otro lado .. y pensemos que aunque en su momento no hiciésemos lo que nuestros padres querían a pies juntillas tampoco hemos salido tan malas personas, consideremos por tanto que después del proceso de negociación todo no quedará como en un principio lo planteemos y eso no será malo,
  2. pensar y poner negro sobre blanco (escribir):
    • lo que consideramos es mejor para nuestros hijos (responsabilidad, estudio, educar en el respeto, … ), y que por tanto será el objetivo principal de la negociación,
    • y lo que nosotros queremos o necesitamos se aporte a sí mismo y nos aporte a nosotros (que trabaje en sus estudios o a nivel laboral, su colaboración en casa, respeto hacia nosotros, con quién se relaciona, horarios, …).

Debemos de lograr que nuestros hijos sean adultos en derechos y responsabilidades.
Y será fundamental para organizar nuestras ideas el plasmarlas por escrito.

  1. convocar la reunión. No vale el aquí te pillo aquí te mato, al igual que nosotros nos hemos preparado la reunión, debemos de permitirles a ellos que lo hagan, dándole unos días, adelantando los objetivos que queremos tratar:
    1. qué solicita de nosotros,
    2. cuáles cree son sus “obligaciones“ como adulto (estudio, trabajo, …),
    3. respeto a unas normas básicas de convivencia en el hogar (horarios, ruidos, etc),
    4. responsabilidades que cree debe y puede asumir en el hogar,
  2. reunirnos en un entorno “agradable” para ambos, pongo como ejemplo el que uso yo, salir a dar un paseo por la naturaleza, de forma relajada, en ese entorno evitaremos las confrontaciones “duras”,
  3. reflejar lo acordado negro sobre blanco. Las palabras se “las lleva el viento” por lo que lo acordado debe quedar por escrito (hoy en día formato electrónico, evita que lo perdamos y lo podemos tener siempre a mano) y firmado por ambas partes, pues sino .. es fácil que cualquiera de las partes olvide detalles que no le interesen.
  4. y ¡a convivir! aplicando lo acordado, desde el cariño y el respeto mutuo, sabiendo que aunque las normas estén para saltárselas, son un marco de convivencia necesario, que debemos respetar, ambas partes, siempre que podamos.

Antonio Arnoso García
alvaTeaching.es